La muestra Piel de Delfina Bourse reúne trabajos realizados desde 2024 y propone una relación entre la piel y la pintura como superficies que cubren y protegen, según publicó LA NACION el 18/5/2026. La serie incorpora monocopias producidas en el taller de serigrafía de Cumby Giraudi en Mercedes y reutiliza restos materiales de obras anteriores; la exposición puede visitarse hasta el martes 26 de mayo en la galería Palatina (Arroyo 821), de lunes a viernes de 11 a 18, con entrada libre (LA NACION, 18/5/2026). Delfina, nacida en 1979 (LA NACION, 18/5/2026), vuelve a una investigación sobre lo textil ocho años después de su última muestra individual en 2018 (LA NACION, 18/5/2026).
Piel y pintura: ¿qué se expone?
La muestra combina pinturas acrílicas bidimensionales con “pespuntes” de dorado al temple y volúmenes hechos de residuos—virutas de madera, restos de papel y “cachitos” de acrílico—que la artista fue acumulando y reusando (LA NACION, 18/5/2026). Ese acopio material interesa porque transforma la pintura en una suerte de segunda piel: piezas que conservan la historia de obras previas y, a la vez, funcionan como contenedores. Vemos cómo la superficie pictórica deja de ser solo imagen para convertirse en textura que invita al tacto, aunque sea una invitación visual. Entre los trabajos hay además monocopias de serigrafía realizadas en Mercedes, una decisión técnica que ancla la exploración textil en procesos del taller (LA NACION, 18/5/2026).
¿Por qué importa lo textil hoy?
Lo que nadie cuenta es que el retorno a lo textil en la pintura no es nostalgia: es una conversación con prácticas artesanales y con genealogías visuales que estuvieron históricamente desplazadas por la historia oficial del arte. Bourse trabajó sobre diseños y técnicas de tejidos precolombinos y realizó una residencia en el Valle Sagrado del Cuzco donde aprendió teñidos naturales con mujeres tejedoras, según la crónica de LA NACION (18/5/2026). También visitó la muestra de tejidos andinos en el Museo Precolombino de Santiago, que fue parte de su proceso de referencia (LA NACION, 18/5/2026). Ese vínculo directo entre investigación de campo y taller altera la pregunta sobre autenticidad: no se trata de apropiación simple, sino de un diálogo que obliga a reconocer orígenes, técnicas y saberes.
¿Qué dice esto de la escena local y hacia dónde va?
La elección de volver al formato bidimensional tras la muestra “Vestimenta/Pentimento” en 2024 (Centro Cultural San Martín, según LA NACION, 18/5/2026) revela una tendencia: artistas que resignifican lo textil desde la pintura y el taller, mezclando lo artesanal con recursos de la modernidad visual. Esto plantea preguntas prácticas para galerías y públicos: cómo exponer piezas que remiten al tacto cuando la institucionalidad sigue privilegiando la mirada. En Palatina, la muestra también propone diálogos públicos: según la nota, el escritor Marcos Krämer dialogará con la artista y Eduardo Stupía en un encuentro previsto para un miércoles a las 18 (LA NACION, 18/5/2026). Ese tipo de instancias —conversaciones abiertas y gratuitas— hacen que la obra circule fuera de la burbuja artística y que la investigación sobre procedencias quede a la vista del público.
La muestra, más allá de su factura, funciona como ejercicio de memoria y de materialidad: rescata técnicas, visibiliza procesos y obliga a preguntarnos cómo leer las superficies que nos cubren. Verla es entender que una pintura puede ser también una piel política y una genealogía; y encontrar, en los “restos” del taller, la capacidad de contar historias que la historia oficial dejó afuera.