Se trata de que retar a un perro por una conducta indeseada es, en la práctica clínica y etológica, contraproducente: no corrige el comportamiento y deteriora el bienestar y el vínculo, según la nota de La Nación del 23/5/2026 (La Nación, 23/5/2026).
¿Por qué el ‘reto’ no sirve?
El motivo básico es tiempo y percepción. Los perros no interpretan el enojo humano como explicación retrospectiva de una acción ocurrida minutos antes; interpretan señales presentes como postura corporal y tono de voz. Por eso, un reproche llega como una amenaza y suele desencadenar miedo, evitación o conductas defensivas. El Grupo de Medicina del Comportamiento de AVEPA alertó sobre los efectos negativos del castigo y la dominancia en el bienestar animal (AVEPA, comunicado citado en La Nación, 23/5/2026). Además, los protocolos de adiestramiento modernos exigen refuerzos inmediatos: la Karen Pryor Academy recomienda que la recompensa se aplique en menos de 2 segundos para que el perro asocie conducta y premio (Karen Pryor Academy). Esto explica por qué gritar horas después no modifica lo ocurrido.
¿Qué alternativas propone la etología clínica?
La etología clínica y las guías profesionales coinciden en cuatro pilares: reforzar la conducta deseada, ignorar o redirigir lo indeseado, diseñar el entorno para prevenir el error y enseñar señales claras al animal. Reforzar lo correcto en el momento justo aumenta la probabilidad de repetición; redirigir evita confrontaciones y protege el vínculo. También es importante la prevención: el periodo crítico de socialización ocurre entre las 3 y 14 semanas de vida, y una falta de experiencias positivas allí multiplica la aparición de miedos y reactividad en la adultez (AVSAB, position statement). Estas recomendaciones están en línea con nuestra postura previa sobre tenencia responsable: barrios pet friendly requieren tutores informados y cumplimiento de normas para priorizar el bienestar animal (observamos, 2026-04-30).
¿Cómo actuar en situaciones cotidianas?
Cuando el perro hace algo indeseado, lo primero es priorizar la seguridad: si hay riesgo, separar y luego trabajar la conducta con técnica positiva. Para conductas no urgentes, lo útil es redirigir la atención y recompensar la alternativa correcta en menos de 2 segundos (Karen Pryor Academy). Evitar castigos físicos o gritos reduce el riesgo de que el animal oculte conductas por miedo. Si la conducta persiste o es agresiva, recomendamos una consulta con un especialista en comportamiento animal; la intervención temprana suele ser más eficaz y menos costosa que soluciones a largo plazo. Antes de adoptar o cuando asumimos la tutela, conviene informarse sobre socialización, adiestramiento y señales de estrés en el perro.
Si querés ayudar: consejos prácticos y recursos
Si sos tutor: aprendé a reconocer señales de estrés (escapismo, lamido de labios, inmovilidad) y buscá formación en refuerzo positivo. Si sos vecino o gestionás un espacio público: promové campañas de educación y espacios de socialización controlada. Si querés apoyar a refugios y asociaciones: doná tiempo, alimentos y fondos para programas de educación. El artículo original fue publicado el 23/5/2026 por La Nación, y retoma recomendaciones de AVEPA sobre educación amable (La Nación, 23/5/2026). Lo que hay que saber: la evidencia práctica y científica favorece métodos positivos y de prevención antes que castigos; esta es una demanda de bienestar y de responsabilidad del tutor.
Observamos que estas recomendaciones no son meras tendencias: forman parte de un cambio profesional que prioriza el bienestar animal y la formación del tutor, coherente con nuestras posiciones recientes sobre tenencia responsable. Para consultas complejas, derivar a un especialista en medicina del comportamiento veterinario es la opción correcta.
Lucía Mendizábal