Durante siglos los galenos han tratado a sus pacientes con un aterrador arsenal terapéutico de más que dudosa utilidad. En su nómina se hallaban, entre otras, las sangrías, las ventosas, las fricciones, los vejigatorios o bien cantáridas, los fontículos, los cauterios y los sinapismos. Todos ellos se llevaban a cabo, habitualmente, Durante los primeros días de la enfermedad, los considerados De esta manera tal y como más críticos, En tanto que existía la falsa creencia de que si el enfermo sobrepasaba la semana no habría que temer por su vida. Los maltrechos cuerpos de los pacientes no tenían Otra posibilidad que aceptar con sobrecogedor estoicismo el tratamiento elegido y Asimismo procurar superar los aterradores efectos secundarios. Tópicos irritantes de mostaza La mostaza es una planta originaria de la cuenca mediterránea, sus semillas se usan De exactamente la misma manera que condimento a causa a su sabor intenso, al tiempo que amargo y picante. Disponemos de tres variedades diversos de mostaza, la negra que es muy intensa, la marrón, mucho menos picante, y la blanca, que suele obtenerse al mezclar las dos precedentes. A lo largo de mucho tiempo la mostaza tuvo un marcado interés terapéutico, en las boticas de nuestra geografía se preparaba un mejunje A partir de harina de mostaza blanca y agua, a partes iguales, que se conocía Al igual que cataplasma de mostaza o, solamente, Al idéntico que sinapismo. Una vez elaborada, esta pócima se aplicaba, envuelta en un Sólo paño, en la zona de la piel que se encontraba inflamada o bien dolorida, o bien acerca de el pecho de aquellos incautos pacientes que sufrían un catarro ‘mal curado’. Ventosas secas y escarificadas El sinapismo no era la única opción que tenían a su alcance los galenos para tratar las infecciones respiratorias de evolución tórpida, sabemos que con cierta frecuencia se decantaban por las ventosas. Este tratamiento consistía, básicamente, en poner una divisa sobre la piel del pecho del enfermo, encima de la cual se colocaba un trozo de algodón que anteriormente había sido empapado de alcohol, al cual se prendía fuego, Luego de lo que se tapaba con un vaso. La finalidad de esta práctica no era otra que extraer los ‘aires’ causantes del catarro, lo cual se ‘conseguía’ al consumir el oxígeno. Si la región de la piel se amorataba o bien aparecían puntos rojizos indicaba que el mal había sido borrado. Para complicar todavía más el tratamiento, los galenos podían optar por dos tipos de ventosas: las secas y las escarificadas. Las secas son las que acabamos de describir, la ventosa escarificada consistía en provocar un pequeño sangrado en la piel del paciente. Para ello se colocaba acerca de la región un adminículo llamado escarificador que estaba provisto de unas cuchillas afiladas. Viagra en forma de cataplasma Otro procedimiento que estuvo en boga En medio siglos fueron las cantáridas o bien vejigatorios, unas sustancias irritantes que se colocaban, a modo de emplastos, acerca de la piel de los enfermos y que provocaban la aparición de ‘vejigas cutáneas’, de ahí su nombre. Con ellas se pretendía ‘eliminar los humores corruptos’ del paciente. Una de las cantáridas más empleadas se conseguía al moler un insecto conocido Del mismo modo que Lytta vesicatoria o mosca española. Se trata de un coleóptero de pequeño tamaño -unos dos centímetros- y de color verdoso, que se dirigió descrito por Carl Linneo en 1758. La observación, que es la madre de la ciencia, acreditó que, en algún caso, los varones a los que se administraba esta cantárida sufrían un curioso efecto secundario, el priapismo. Este acontecimiento produjo que este procedimiento, en forma de polvo, macerado o bien diluido, tuviese una 2da y aplaudida indicación médica, la afrodisiaca. Pedro Gargantilla es médico internista del Centro médico de El Escorial (La capital española) y cantautor de Múltiples libros de divulgación.