Es una plataforma social que en dos meses conectó a 180 cuidadoras con 300 pedidos y ofrece formalización laboral y capacitaciones (según La Nación, 1/6/2026).

¿Qué es CuidarNos y qué muestran los números?

CuidarNos se presenta como una empresa social cooperativa que usa una plataforma para vincular familias con cuidadoras y obliga a acordar condiciones formales de contrato. En solo dos meses de funcionamiento la plataforma ya cuenta con una red de más de 180 cuidadores y una base de 300 usuarios, y opera en el Área Metropolitana de Buenos Aires con convenios en Rosario, Mar del Plata y San Nicolás (según La Nación, 01/06/2026). El detalle que lo cambia todo: además de la intermediación, la iniciativa ofrece capacitaciones gratuitas en convenio con la Universidad Nacional de Avellaneda, lo que convierte la tecnología en una herramienta de profesionalización.

La cifra de 180 cuidadoras es modesta frente a la demanda potencial, pero es relevante como prueba de concepto. Vemos que la lógica es híbrida: intermediación tecnológica más apoyo cooperativo y articulación con organizaciones sociales como la UTEP, que avalan la capacidad de escala si hay recursos y regulación adecuados.

¿Cómo cambia esto la vida de las cuidadoras?

La historia de María, citada por La Nación, resume por qué importa la formalización: después de ocho años en la actividad informal, al incorporarse a la plataforma pasó a tener obra social, seguro de riesgo de trabajo y más estabilidad laboral (La Nación, 01/06/2026). Para muchas, la diferencia se mide en horas de sueño y en la posibilidad de planificar estudios: María pudo anotarse a un curso de enfermería domiciliaria.

Pero no es solo bienestar individual. La profesionalización reduce la vulnerabilidad económica de hogares enteros: cuando una cuidadora deja de depender del boca a boca y puede elegir turnos geolocalizados, la organización del tiempo mejora y la reproducción del trabajo doméstico se vuelve menos azarosa. Observamos que la formación y la formalidad también afectan el pago por hora y las condiciones de trabajo, aunque los datos precisos sobre salarios y jornadas aún no se publican de forma abierta por la plataforma.

¿Qué significa para el mercado del cuidado y qué proyecciones hay?

El trabajo de cuidado es una necesidad en expansión. La OIT proyecta que de acá a 2030 el sector podría generar unos 780.000 puestos de trabajo en la Argentina, una cifra que muestra la magnitud del desafío y la oportunidad (según OIT, citado en La Nación, 01/06/2026). Al mismo tiempo, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA calcula que el 65% de los cuidadores de adultos mayores trabaja de manera informal, es decir sin cobertura legal ni protección social (según Agustín Salvia, Observatorio de la Deuda Social, citado en La Nación).

La comparación temporal es elocuente: 180 cuidadoras en una plataforma privada y cooperativa frente a una necesidad que, según la OIT, puede implicar cientos de miles de empleos para 2030. Vemos una brecha entre la oferta organizada y la demanda estructural. De aquí surge la pregunta estratégica: ¿cómo convertir iniciativas piloto en políticas públicas que formalicen el empleo, garanticen calidad y permitan supervisión y evaluación?

¿Qué falta y por qué exigimos datos abiertos?

Lo que nadie cuenta es que los pilotos exitosos necesitan transparencia para escalar con garantías. La iniciativa muestra potencial, pero no hay datos abiertos sobre tarifas promedio, horas trabajadas por mes, tasa de contratación formal efectiva ni métricas de seguimiento de capacitaciones. Sin esos insumos resulta imposible evaluar impacto, replicabilidad y equidad. Por eso exigimos que plataformas de intermediación publiquen conjuntos de datos agregados y desagregados mínimos: número de contratos formalizados por mes, distribución geográfica de demandas, rangos de pago por hora y resultados de capacitación, todo en formatos abiertos y con metadatos claros.

Pedimos además diálogo entre el Estado, las cooperativas y las organizaciones de trabajadoras para definir estándares mínimos de calidad y fiscalización. No se trata de meter a la tecnología en la caja negra; se trata de usarla para profesionalizar un trabajo que, según la OIT y el Observatorio de la UCA, es masivo y esencial. Si no hay datos abiertos, la profesionalización queda limitada a relatos individuales en vez de convertirse en política pública.