El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) alcanzó un nuevo máximo histórico en enero: subió 0,4% respecto de diciembre y 1,9% interanual, y está 6,4% por encima del nivel previo a la asunción de esta gestión, según el INDEC. Pero ese dato agregado convive con indicadores que explican por qué mucha gente sigue sintiendo que no llega a fin de mes.
¿Por qué la actividad no se traduce en bienestar?
Vemos dos factores centrales. Primero, la composición del crecimiento: según LCG y Invecq, casi todo el avance reciente provino del agro, la minería y la intermediación financiera; los sectores ligados al mercado interno quedaron rezagados. Invecq calcula que los sectores exportadores están más de 15% por encima de noviembre de 2023, mientras que los sectores de mercado interno están cerca de 5% por debajo. Segundo, la medición por habitante muestra una realidad distinta: según Analytica la actividad por habitante está 6,8% por debajo del pico de 2011. En paralelo, Eco Go señala que el ingreso disponible de los hogares, descontados los servicios, sigue por debajo de los máximos de 2015. Traducción: la economía crece donde se generan dólares, no necesariamente donde se concentran empleos o salarios.
¿Cómo impacta esto en salarios, consumo y empleo?
El frente de los ingresos es la limitación más clara. El Instituto Argentino de Análisis Fiscal reporta que en enero los salarios privados registrados crecieron 2,1% mensual, por debajo de la inflación de ese mes, 2,9%; en la comparación con noviembre de 2023 los salarios privados están 2,3% por debajo en términos reales, y los salarios del sector público acumulan caídas cercanas al 18%. El consumo total acumuló un aumento cercano al 8,9% en los primeros dos años de gestión según el Ieral, pero medido per cápita sigue 2% por debajo de 2017. Además, la recuperación del consumo fue impulsada por bienes durables e importados, mientras que el consumo masivo apenas se recuperó. Esa combinación explica por qué el empleo no acompaña: el crecimiento está concentrado en actividades menos intensivas en mano de obra, y la tasa de desempleo subió en 2025, reflejando una recuperación fría para los asalariados.
Qué prioridades políticas proponemos para que el crecimiento llegue al bolsillo
Apoyamos tres prioridades concretas. Primera, consolidar un ancla macro creíble y acumular reservas por flujo para reducir la fragilidad fiscal y externa; sin eso la mejora de actividad puede evaporarse con shocks externos. Segunda, recuperar ingresos reales: la pauta salarial debe acercarse al avance de precios esperado, que en proyecciones privadas sigue por encima del 30% para el año, según sondeos privados citados por consultoras. Tercera, políticas que fomenten el crédito productivo y apoyen a pymes intensivas en empleo, con condiciones claras de financiamiento y control de costos regulatorios. En números: si los salarios privados están 2,3% por debajo de noviembre de 2023 y la inflación anual proyectada supera 30%, la recomposición salarial requiere una combinación de disciplina fiscal, ancla cambiaria y medidas focalizadas en ingresos. Sin esa secuencia, el crecimiento agregado seguirá sin traducirse en empleo y poder de compra.