El ajuste del gasto público durante la gestión de Javier Milei equivale a unos US$67.000 millones en 26 meses, cerca del 10% del PBI, según estimaciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). Este corte masivo marcó un quiebre: después de dos décadas de expansión, la suma de partidas dejó de crecer y se convirtió en el ancla del programa de gobierno.
¿Qué pasó con el tamaño del Estado?
Vemos una reversión clara del ciclo de gasto. De acuerdo con la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), el gasto público consolidado pasó del 25,4% del PBI en 2004 a un máximo de 44,9% en 2016; luego se mantuvo cerca del 40% durante años y en 2024 cayó 7,1 puntos del PBI, hasta 33% del PBI. Según Iaraf, en los últimos 26 meses la reducción superó los 10 puntos del PBI y se tradujo en US$67.000 millones de recortes. Más del 50% de esa caída se concentró en tres partidas: transferencias no automáticas a provincias, programas sociales e inversión real directa, que explicaron el 53% del ajuste. Medido en dólares, las mayores reducciones fueron: envíos a provincias US$12.880 millones, programas sociales US$12.843 millones e inversión pública US$12.097 millones (Iaraf/La Nacion).
¿Cómo impacta esto en el bolsillo y en el empleo?
El patrón muestra que el grueso del ajuste atacó gasto discrecional antes que el núcleo previsional: las jubilaciones contributivas cayeron en US$4.517 millones, concentradas en 2024, pero volvieron a niveles similares a 2023 en 2025, según el mismo reporte. Los programas sociales explicaron el 16,3% del recorte, mientras que las transferencias a provincias representaron 16,1% y la inversión pública 15,2%. Para un trabajador en una provincia, esto se traduce en menor capacidad fiscal subnacional para financiar salarios y empleos: el recorte en remuneraciones fue de US$7.279 millones. Al mismo tiempo, partidas como la Asignación Universal para Protección Social crecieron en US$3.656 millones, lo que muestra selectividad en los recortes y cierta protección a prestaciones indexadas a la inflación (Iaraf/La Nacion).
¿Es sostenible el ajuste y qué dicen los mercados?
Los bancos internacionales interpretan el giro como consolidación. Morgan Stanley registró un superávit primario acumulado de 0,4% del PBI en el primer bimestre y señaló que el sector público volvió a un resultado financiero positivo. JP Morgan y Bank of America destacaron que el equilibrio fiscal se consolidó como ancla del modelo y que el recorte cercano a 5 puntos del PBI fue clave para eliminar el déficit y sostener la desinflación (La Nacion). Pero la sostenibilidad tiene aristas: el gasto de capital fue el único rubro que cayó en términos del PBI a lo largo de las dos décadas, y la brusca caída de inversión pública implica un costo en capacidad productiva y crecimiento futuro. Además, la mayor parte del ajuste —más del 90% según Iaraf— se destinó a revertir el déficit en vez de bajar impuestos, lo que obliga a pensar en la calidad del gasto remanente.
Qué conviene mirar ahora y qué proponemos
Vemos dos prioridades. La primera: transparencia y acumulación de reservas. Un ajuste que mejora cuentas pero no acompaña acumulación de reservas y transparencia en ingresos externos es frágil. La segunda: reorientar parte del ahorro fiscal hacia inversión productiva y proteger el empleo formal en las provincias, donde el ajuste impacta con fuerza. La experiencia muestra que recortar inversión y transferencias subnacionales reduce el crecimiento potencial. Por eso proponemos coordinar con las provincias un calendario de recuperación de inversión, publicar desglose público de los ahorros fiscales y usar una parte para fortalecer reservas y programas que protejan el empleo formal. Sin estos tres elementos —acumulación de reservas, transparencia y protección del empleo— la consolidación corre riesgo de ser solo contable.
Referencias: estimaciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) y datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) citados en La Nacion; análisis de Morgan Stanley, JP Morgan y Bank of America mencionados por La Nacion.