El 26 de marzo de 2026 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución presentada por Ghana y la Comunidad Africana que califica a la esclavitud africana como “el crimen más grave contra la humanidad”; la votación terminó 123 a favor, 52 abstenciones y 3 en contra, de acuerdo al registro de la ONU. Argentina fue uno de los tres votos en contra, junto a Estados Unidos e Israel, y el Gobierno nacional explicó que su rechazo respondió a objeciones sobre la redacción y al cierre del texto a modificaciones, según la cobertura de LA NACION.
¿Qué votó la Argentina en la ONU?
La votación de la Asamblea General tuvo lugar el 26/3/2026 y, según el acta oficial de la ONU, 123 países apoyaron la iniciativa, 52 se abstuvieron y 3 votaron en contra. En el registro de miembros la Asamblea General cuenta con 193 Estados miembros, por lo que parte de la ausencia de algunos países explica que la suma no alcance ese total, según la Secretaría General de la ONU. El embajador argentino ante la ONU, Francisco Tropepi, emitió el voto negativo que el Gobierno justificó por considerar que el texto jerarquizaba crímenes históricos y no admitía enmiendas. La cifra de 123 a favor sirve, en términos numéricos, para mostrar el respaldo mayoritario; la abstención de 52 países incluye a la Unión Europea y a Gran Bretaña, según LA NACION.
¿Por qué justificó el Gobierno su voto?
Desde la Casa Rosada sostuvieron que el rechazo no implica estar “en contra de condenar la esclavitud”, sino una resistencia a la formulación del proyecto. Una alta fuente oficial dijo que el texto “no estuvo abierto a ninguna modificación, aporte o sugerencia”, y el canciller Pablo Quirno hizo suyo en redes un argumento del politólogo Alejo Schapire sobre la jerarquización de víctimas. Ese razonamiento subraya que, según el Gobierno, no corresponde poner “un solo tipo de esclavitud como más grave que el resto de los crímenes”. La postura se enmarca además en un patrón diplomático: según LA NACION, desde enero de 2025 Argentina alineó la mayoría de sus votaciones con Estados Unidos; en esta ocasión esa alineación se reflejó junto a Israel. En organismos multilaterales, la diferencia entre votar en contra y abstenerse puede tener efectos diplomáticos distintos, algo que el Ejecutivo reconoció al señalar que la abstención europea funciona como “paraguas” para su posición.
¿Qué consecuencias prácticas y qué preguntas quedan abiertas?
La reacción política doméstica fue inmediata: referentes del oficialismo defendieron la decisión y la oposición la calificó de error diplomático, con referencias explícitas al reclamo por la soberanía de las Malvinas y a la próxima reunión del Comité de Descolonización en junio de 2026. En términos verificables quedan al menos dos preguntas: a) el texto y sus anexos completos deben hacerse públicos para evaluar el alcance jurídico y político de la redacción (exigencia que reiteramos); b) será posible medir si esta votación modifica apoyos puntuales que Argentina suele recibir en foros multilaterales, especialmente en temas vinculados a la descolonización. Pedimos, por coherencia con la práctica periodística, la difusión de la versión final del proyecto y de las actas de las discusiones que llevaron al voto, antes de sacar conclusiones sobre costos o beneficios diplomáticos. Mientras tanto, el dato objetivo es que la resolución progresó con mayoría clara el 26/3/2026, y que la Argentina figuró entre los tres votos en contra, según la ONU y la cobertura periodística disponible.