Argentina concentra seis de cada diez ensayos clínicos que Bayer realizó en América Latina en 2025, según La Nación.
¿Por qué lidera Argentina?
La cifra es contundente y tiene varios efectos: en 2025 se hicieron 79 estudios clínicos en siete países de la región, involucrando 450 centros de investigación y más de 2.000 pacientes, y la Argentina concentró el 60% de esos estudios, según La Nación. Ese volumen no surge de la nada: hay una red de centros e investigadores con experiencia en estudios multicéntricos y una base de pacientes que permite reclutamientos rápidos. Al mismo tiempo, los especialistas citados por La Nación advierten que los plazos regulatorios en la Argentina pueden ser largos —la nota incluso cita que el país tarda “una eternidad” en aprobar productos—.
Observamos, entonces, una combinación: capacidad operativa para ensayos y un sistema regulatorio que actúa como cuello de botella en algunos casos. Esa mezcla explica por qué las farmacéuticas eligen sitios argentinos para la etapa clínica, aun cuando la demora en aprobación comercial puede limitar el acceso oportuno a los fármacos.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Desde lo económico, el crecimiento regional es visible en cifras: la división farmacéutica de Bayer reportó ventas globales de €17.829 millones en 2025 y las ventas de América Latina alcanzaron €824 millones en 2025, con un incremento del 5,4% respecto de 2024, según La Nación. En la región del Cono Sur la facturación creció un 19% y facturó US$120 millones en 2025, de los cuales el 77% correspondió a la Argentina —es decir, alrededor de US$92,4 millones, según la misma nota.
Ese dinero se traduce en actividad para centros de investigación, contratos con clínicas y empleo profesional vinculado a la investigación. Pero el valor local no es automático: la liberación de patentes y la llegada de genéricos (por ejemplo, la nota menciona que en Brasil, al día siguiente de la pérdida de exclusividad, se lanzaron tres genéricos) muestran que la captura de valor depende de marcos regulatorios, acuerdos de precio y políticas de acceso.
¿Qué pasa con la transparencia en ensayos y patentes?
La concentración de ensayos en la Argentina pone en primer plano demandas que ya hemos sostenido desde estas columnas: transparencia institucional, canales públicos de denuncia y acceso a datos para evaluar riesgos y beneficios. Vemos que las decisiones sobre cuándo y cómo aprobar un medicamento importan tanto como la realización del ensayo. La nota de La Nación recuerda además diferencias de plazos de exclusividad: en México las patentes vencen a los 10 años y en la Argentina, a los 20 años, un dato que altera incentivos de pesquisa y acceso, según la publicación.
Por eso promovemos medidas concretas: registros públicos y consultables de ensayos con resultados publicados, plazos regulatorios claros con recursos para su atención y audiencias públicas cuando las decisiones afecten la oferta en sistemas de salud. La transparencia no es sólo una exigencia técnica; es una condición para que la investigación beneficie a la población y no solo a los balances corporativos.
El detalle que lo cambia todo
Hay un gesto que resume la paradoja: mientras Bayer anunciaba que la farmacéutica creció 2% en ventas globales en Farma en 2025 y que América Latina aporta de manera creciente (ventas totales grupo €45.000 millones en 2025, según La Nación), al mismo tiempo reconoce que la pérdida de exclusividad golpea sus ingresos y que la competitividad depende de cuánto y cómo los países regulen el acceso. Eso explica por qué vemos tantos ensayos acá pero no necesariamente acceso rápido a los fármacos tras la aprobación.
La política pública puede cerrar esa distancia. Promover registros abiertos, evaluar impacto antes de concesiones y exigir transparencia en contratos y patentes son pasos concretos. Si no lo hacemos, el protagonismo argentino en los ensayos será solo una estadística más, y no una ventaja sanitaria para la población.