La Cámara de Diputados de Brasil aprobó este miércoles el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, con 324 votos a favor y 110 en contra. Es un paso formal relevante, pero no definitivo: el texto todavía debe pasar por el Senado brasileño, por los congresos de Argentina, Uruguay y Paraguay, y por los 27 parlamentos de los estados miembro de la UE. Según la Cancillería brasileña, el proceso completo podría extenderse hasta 2027.

Para ubicarse: este acuerdo se negocia desde 1999 y se firmó políticamente en 2019, pero nunca entró en vigor. Eliminaría el 91% de los aranceles entre ambos bloques en un plazo de diez años, según datos de la Comisión Europea. Para Argentina, implica acceso a un mercado de 450 millones de consumidores, pero también mayor competencia para sectores como el automotriz, el químico y el farmacéutico.

¿Por qué Brasil lo aprobó ahora?

Brasil tiene el Congreso más favorable al agro de las últimas décadas, según analistas locales. La bancada ruralista impulsó la votación porque ve en el acuerdo una oportunidad para exportar más carne, soja, etanol y jugo de naranja sin aranceles. Según el Ministerio de Agricultura brasileño, la UE es el segundo destino de sus exportaciones agrícolas, con USD 18.500 millones en 2025.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva respaldó públicamente la iniciativa, aunque con matices. En declaraciones a la prensa esta semana, dijo que el acuerdo “necesita ajustes” en temas ambientales, pero que no apoya bloqueos unilaterales. Francia y otros países europeos exigen cláusulas más estrictas sobre deforestación antes de ratificar.

En Argentina, el debate es menos visible. El gobierno de Javier Milei no convocó formalmente al Congreso para tratar el tema, y la Cancillería mantiene un perfil bajo. Fuentes oficiales consultadas por este medio dijeron que “el acuerdo está en análisis técnico” y que “no hay plazo definido para su tratamiento legislativo”.

¿Cómo impacta esto en Argentina?

El acuerdo tiene dos caras. Por un lado, abre mercados: productos como carne vacuna, limones, maní y vino tendrían acceso preferencial a Europa. Según un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea de 2024, las exportaciones argentinas a la UE podrían crecer entre USD 2.000 y USD 3.500 millones anuales en los primeros cinco años.

Pero también expone sectores sensibles. La industria automotriz argentina opera con protección arancelaria desde hace décadas. Según la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), el 68% de los autos que se venden en Argentina se producen localmente o vienen de Brasil. Con el acuerdo, autos europeos entrarían con aranceles reducidos gradualmente a cero. Cámaras empresarias como la UIA y la Unión Automotriz pidieron plazos más largos y salvaguardias.

En el sector farmacéutico, la situación es similar. Laboratorios europeos tendrían acceso con menor fricción arancelaria, lo que presionaría a la industria local. Según CILFA (la cámara que agrupa a los laboratorios nacionales), el 78% de los medicamentos que se venden en Argentina se producen en el país.

¿Qué falta para que entre en vigor?

Aún hay un camino largo. Después del Senado brasileño, cada uno de los otros tres países del Mercosur debe aprobar el texto en sus congresos. En Argentina, eso significa Diputados y Senadores. En la UE, el proceso es más complejo: primero el Parlamento Europeo, y después los 27 parlamentos nacionales. Algunos países, como Francia, Polonia y Austria, ya anticiparon oposición por motivos ambientales y de competencia agrícola.

Según la Comisión Europea, el acuerdo podría implementarse de forma parcial si solo se ratifica en el Parlamento Europeo, sin esperar a los estados miembro. Eso cubriría temas comerciales, pero no inversiones ni propiedad intelectual. Es una vía que algunos analistas consideran más realista, dada la resistencia en varios países.

En Argentina, el tema genera menos ruido mediático que en Brasil o Europa, pero eso no significa que sea menos relevante. Como ya escribimos en este medio, el gobierno actual prioriza la apertura económica, pero sin exponerse políticamente en batallas que aún no tienen resultado claro.

Lo que se sabe hasta ahora es esto: Brasil avanzó, Europa está dividida, y Argentina todavía no definió su posición formal. El acuerdo existe sobre el papel desde 2019, pero llevarlo a la práctica sigue siendo una negociación abierta.