¿Qué pasó exactamente?

Los colegios privados bonaerenses pidieron autorización para actualizar sus cuotas luego de que la gobernación acordara aumentos docentes que suman 8.5% para el período febrero-abril (1.5% en febrero, 5% en marzo y 2% en abril), según LA NACION. El reclamo no es solo por el salario: la Asociación de Institutos de Enseñanza Privada de la República Argentina, Aiepa, advierte que nuevas cargas municipales y la caída de la matrícula ponen en riesgo la viabilidad de muchas instituciones.

En números: el sistema privado bonaerense cubre casi 30% de la enseñanza y contiene alrededor de 1,3 millones de estudiantes, y cerca del 70% de los colegios recibe aportes provinciales por lo que precisan autorización para trasladar aumentos a las cuotas, de acuerdo a Aiepa y LA NACION. Además, el sector consignó que al menos 15 colegios cerraron el año pasado, lo que sirve de señal de alerta.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en las escuelas?

Para las familias el efecto es directo cuando la autorización llega tarde o es incompleta. Si la provincia no permite actualizar aranceles al ritmo de los salarios y de la inflación, las escuelas subsidiadas absorben el costo, aumentan el endeudamiento o elevan la morosidad. Aiepa señala que una escuela de tamaño medio podría pagar entre $1,5 y $2 millones por mes en tasas municipales, lo que equivale a más de $20 millones al año en algunos casos, según cálculos del propio sector citados por LA NACION.

La combinación de caída de la natalidad y menor matrícula también encarece el costo por alumno. Entre 2021 y 2024 la matrícula total se redujo acumuladamente 2.57% y en 2024 la matrícula privada registró una retracción de 1.04%, según datos que reporta Aiepa y reproduce LA NACION. Menos alumnos y mayores costos por trabajador hacen más probable que las escuelas trasladen aumentos a las familias o, en casos extremos, cierren.

¿Por qué está pasando esto? Causas y contexto

Vemos tres fuerzas que se combinan. Primera, la presión salarial: la provincia acordó 8.5% para el trimestre, pero Aiepa afirma que la única autorización para aumentar aranceles desde octubre fue de 3% en marzo, creando un desfase claro entre costos y tarifas, según LA NACION. Segunda, la presión impositiva municipal: la ordenanza 112/25 de Pilar eleva tasas y crea una contribución obligatoria de aproximadamente $7.500 por empleado y una alícuota de 3 por mil, medidas que el sector considera generalizadas y ajustables mensualmente.

Tercera, factores demográficos y de demanda: la caída de la natalidad y el postpandemia redujeron matrículas y aumentaron la vulnerabilidad financiera. En este contexto las escuelas que reciben subsidios no pueden trasladar automáticamente los aumentos, lo que concentra la presión sobre su liquidez y obliga a buscar créditos o recortar gastos.

Qué pueden hacer la provincia y los municipios para evitar más cierres

La primera prioridad es coordinación fiscal entre niveles de gobierno. Si el 70% de las escuelas son subsidiadas y las paritarias aumentan costos, la provincia debe definir un mecanismo ágil para autorizar ajustes o compensar con fondos que eviten descalces temporales. La segunda es revisar las nuevas contribuciones municipales: universalizar cobros por empleado sin distinguir gestión estatal y privada eleva el costo por alumno y puede ser regresivo.

Recomendamos tres medidas concretas: 1) autorizar aumentos escalonados de cuotas vinculados a la pauta salarial y a la inflación con plazos claros; 2) suspender o readecuar cobros municipales que se calculen por empleado hasta que exista una reglamentación específica para escuelas; 3) coordinar un fondo provincial temporal para sostener escuelas subsidiadas con caída de matrícula. Esto exige disciplina fiscal y una ancla macro creíble, porque sin estabilidad cambiaria y reservas acumuladas por flujo la solución será parcial y se repetirá la tensión entre sueldos, tarifas y tasas.

Si no se avanza en coordinación, lo que tenemos es un aumento de costos para las familias, más escuelas endeudadas y mayor riesgo de cierres. La educación no es solo gasto: es infraestructura social y requiere que la política fiscal y la gestión municipal actúen con reglas claras. Franco Pellegrini