Estados Unidos dijo haber destruido al menos 16 buques iraníes diseñados para colocar minas en el estrecho de Ormuz, una acción confirmada por el Pentágono y difundida por la Associated Press. Lo que se sabe hasta ahora: esas embarcaciones son usadas para estrategias de denegación de área y bloqueo marítimo, y la operación estadounidense llega en un contexto de amenazas públicas entre Washington y Teherán. Vemos una escalada en tono y en acciones que afecta un corredor naval clave para el petróleo mundial y que ya registra movimientos atípicos de buques asociados a Irán.

Para ubicarse: el estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y desde allí al océano Índico. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), por ese paso transita aproximadamente el 20% del petróleo transportado por mar a nivel global, cifra que explica por qué cualquier incidente allí repercute en precios y en rutas de abastecimiento. En circunstancias normales, por el estrecho pasan 100 barcos o más por día, según reportes citados por la AP; desde el 8 de marzo se registraron siete tránsitos atípicos en cinco días, cinco de ellos vinculados a envíos iraníes, según Neptune P2P Group.

¿Para qué sirven esos buques mina?

Esos pequeños buques están concebidos para colocar minas navales y crear áreas peligrosas para la navegación enemiga, una técnica clásica de denegación de área. Según la información difundida por el Pentágono y replicada por la Associated Press, las embarcaciones destruidas eran utilizadas específicamente para ese cometido. Las minas permiten interrumpir tráficos con relativo bajo costo y riesgo directo para quien las planta, porque pueden activarse a distancia o quedar flotando como amenazas ocultas.

La consecuencia práctica es doble: generan riesgo inmediato para cualquier petrolero que transite y obligan a desvíos, inspecciones y escoltas que aumentan costos. Además, el uso de buques pequeños y tránsitos “oscuros” —cuando apagan los sistemas de identificación AIS— complica la atribución y la respuesta internacional, tal como muestran los reportes de Neptune P2P Group sobre tránsitos recientes.

¿Cómo afecta esto a Argentina y al mercado energético?

Para el lector argentino la pregunta es directa: por qué nos debería importar. Argentina no exporta por Ormuz, pero importa impacto. Los precios internacionales del petróleo y del combustible son globales; una interrupción en Ormuz puede remover la oferta efectiva y empujar los precios. Kpler informó que el 7 de marzo un petrolero cargó aproximadamente 2 millones de barriles en la terminal iraní de Jask, lo que indica que Irán busca rutas alternativas para sus exportaciones pese a las sanciones.

Además, la reducción o la amenaza sobre el paso obligaría a reconfigurar fletes y seguros. En términos concretos, si el flujo se complica el precio internacional del crudo podría subir, lo cual repercute en combustibles, en el costo del transporte marítimo y, en cadena, en precios locales. Observamos además que las flotas evitan reportar posiciones: apagar el AIS es una práctica documentada para petroleros vinculados a envíos sancionados.

Escenarios y riesgos a corto plazo

El primero es técnico y logístico: minas sin detonar pueden causar daños a buques civiles y obligar a cierres temporales. El segundo es político-militar: la destrucción de buques por parte de Estados Unidos eleva la probabilidad de respuesta iraní en mar o en tierra, y ya hay anuncios oficiales de nuevas amenazas desde Teherán. La nota de la AP consignó que la guerra había entrado en su onceavo día al momento del informe, y que ambos bandos endurecían sus posturas.

Nuestro enfoque es prudente. Documentamos cifras verificables —16 buques destruidos según el Pentágono y la AP; alrededor del 20% del petróleo transportado por mar pasa por Ormuz, según la IEA; siete tránsitos atípicos desde el 8 de marzo con cinco vinculados a Irán según Neptune P2P Group— y evitamos especular sobre intenciones hasta nuevas verificaciones. Seguiremos informando cómo evolucionan los tránsitos y cualquier impacto concreto en precios y rutas.

Sofía Santamarina