EEUU pidió que Miguel Díaz-Canel deje la presidencia como condición para seguir negociando con La Habana, según cuatro personas involucradas citadas por La Nación.

¿Qué se sabe hasta ahora?

Lo que se sabe hasta ahora: funcionarios estadounidenses han planteado a negociadores cubanos que no puede haber acuerdo con Díaz-Canel al mando, pero no lo presentaron como un ultimátum, sino como una condición favorable para avanzar (según La Nación). Díaz-Canel tiene 65 años (según La Nación) y es presidente desde 2018, siendo la primera persona cuyo apellido no es Castro en gobernar desde la revolución de 1959 (según La Nación). El gobierno de Trump bloqueó importaciones de petróleo externas y Cuba no habría recibido envíos de crudo en tres meses, afirmó La Nación; además, el país sufrió un colapso de la red eléctrica recientemente, según la misma nota. Las conversaciones, descritas como en marcha desde hace meses, incluyen demandas sobre liberación de presos políticos y apertura económica (según La Nación).

¿Qué busca Estados Unidos con esa exigencia?

Para ubicarse: según las fuentes, la Casa Blanca persigue principalmente resultados que puedan anunciarse como logros políticos mientras se van abriendo puertas comerciales. Remover a Díaz-Canel ofrecería una victoria simbólica para la administración —similar en significado a la operación en Caracas del 3 de enero, que cambió el control de activos petroleros venezolanos, según La Nación— y crearía condiciones para empujar reformas económicas que, dicen los negociadores, Díaz-Canel no apoyaría. Funcionarios citados por La Nación hablan de abrir la economía cubana gradualmente a empresas estadounidenses y de presionar por liberaciones políticas como parte del paquete. La medida, añaden las fuentes, no busca un cambio de régimen total sino cumplimiento de condiciones específicas.

¿Quién manda realmente en La Habana y cómo limitaría eso el impacto de remover al presidente?

La nota subraya que, aunque Díaz-Canel es la figura visible, el poder real en sectores estratégicos permanece en instituciones y redes vinculadas al ejército y a la familia Castro. Gaesa, el conglomerado empresarial militar, administra turismo y comercio minorista, lo que le da influencia económica sustantiva sobre la isla (según La Nación). Además, actores como Raúl Guillermo Rodríguez Castro —“Raulito”, nieto de Raúl Castro— han sido mencionados como interlocutores clave con EEUU y podrían seguir ejerciendo influencia aun si cambia el titular del Ejecutivo (según La Nación). Expertos citados en la crónica advierten que salir de Díaz-Canel sería más simbólico que transformador si no se tocan el buró político del Partido Comunista y las estructuras económicas militares.

¿Cómo nos afecta esto en Argentina y en la región?

¿Por qué importa para Argentina? La negociación entre Washington y La Habana puede alterar flujos energéticos y logísticos en la región y marcar precedentes diplomáticos. La Nación relata que un barco con ayuda procedente de México entró a La Habana el 28 de febrero (según La Nación), y que México había suspendido envíos petroleros bajo presión estadounidense; cambios en quién controla o gestiona recursos energéticos en el Caribe pueden repercutir en rutas comerciales y en la coordinación regional sobre asistencia humanitaria. Además, un eventual reinicio de relaciones más abiertas con inversiones extranjeras podría abrir mercados turísticos y empresariales donde empresas argentinas participan indirectamente, aunque ese efecto es hipotético y dependerá de decisiones concretas aún no definidas. Vemos que el elemento político simbólico —una presidencia reemplazada— podría ser más relevante para audiencias en EEUU y el exilio cubano en Florida que para resultados inmediatos en La Habana, por lo que conviene seguir la evolución con datos confirmados y sin anticipar escenarios forzados.