El Banco Central dejó a la vista un cambio en la mecánica: las operaciones de rueda simultánea rinden hoy cerca de 18–20% anual, por debajo de niveles promedio previos y de la inflación mensual, según Quantum Finanzas. Ese movimiento es consecuencia de compras de dólares por más de US$3.600 millones en lo que va del año y de una absorción de pesos menor que en tramos anteriores, según reportes de Quantum, 1816 y PPI.
¿Qué cambió en la mecánica monetaria?
Vemos dos fuerzas cruzadas. Por un lado, el BCRA compró divisas por más de US$3.600 millones en lo que va del año, lo que genera emisión de pesos. Por otro, la esterilización se moderó: el stock de operaciones de REPO a un día superó los $4,2 billones en la última semana y luego bajó a cerca de $3,4 billones, según PPI. Entre diciembre y marzo la base monetaria creció apenas 1,3% nominal frente a una inflación cercana al 9% en ese mismo período, lo que muestra que la cantidad de dinero en términos reales siguió contractiva, según datos del BCRA citados por PPI. La combinación dejó pesos adicionales en el mercado y presionó a la baja las tasas cortas, pasando de rendimientos positivos durante 2025 a niveles reales negativos en algunos instrumentos.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Para el bolsillo y para las empresas el efecto es mixto. Las lecaps rinden hoy entre 2,2% y 2,4% mensual, por debajo de una inflación cercana al 3% mensual, de acuerdo con LCG; traducido: rendimientos reales negativos en plazos cortos. Al mismo tiempo, las tasas de colocación mayorista (Tamar) pasaron de más del 33% a perforar el 30%, según reportes de mercado. Pero el crédito al sector privado no se disparó: los bancos mantienen spreads altos y son más selectivos. Moody’s reportó que la morosidad total cerró 2025 en 5,5% (9,3% en familias y 2,5% en empresas), lo que explica la reticencia a colocar más préstamos. Para tu sueldo o para un comercio, eso significa que la reducción del costo de fondeo no se traduce automáticamente en más crédito ni en cuotas más baratas.
Riesgos: es sostenible este giro?
El principal riesgo es que una baja de tasas sin un ancla macro claro erosione expectativas y vuelva a empujar la inflación. El mercado ya interpretó esto como un posible “veranito de tasas”, pero el entorno internacional sigue exigente para activos emergentes y cualquier shock de confianza puede revertir flujos. Además, la caída de tasas fue rápida: los rendimientos promedio pasaron del 32,9% en enero a 24,5% en febrero y ahora cerca de 18–20%, según Quantum. Si la liquidez adicional no se absorbe o si el Tesoro aumenta emisión sin coordinación fiscal, la presión inflacionaria puede reactivarse. Observamos también que abril suele traer mayor demanda de pesos por liquidación agropecuaria y pagos estacionales; eso puede sostener temporalmente el esquema, pero no sustituye a una ancla creíble.
Qué esperamos y qué debería hacer el BCRA
Apoyamos la acumulación de reservas por flujo siempre que venga acompañada de un ancla macro creíble. En la práctica, esto implica comunicar reglas claras sobre esterilización y coordinar con la política fiscal para evitar que la expansión de pesos devuelva presión sobre precios. Recomendamos monitorear tres indicadores claves: la base monetaria (creció 1,3% nominal diciembre-marzo, según PPI/BCRA), el stock de REPO (entre $3,4 y $4,2 billones en la última semana, según PPI) y las tasas de morosidad (5,5% según Moody’s). Si esas variables muestran desanclaje, el BCRA debería ajustar la esterilización y explicar la secuencia de pasos para que la reducción de tasas impulse la actividad sin aumentar la fragilidad del sistema. En resumen: acumulación de reservas por flujo es útil, pero sin un ancla creíble el beneficio puede ser temporal y costoso.