Enero rompió una tendencia reciente: el turismo receptivo subió 1,4% interanual y el emisivo cayó 8,5% interanual, pero el dato que cambió la discusión política es otro. De acuerdo a la Secretaría de Turismo y al informe del Indec, la modificación metodológica solicitada por el ministerio y aplicada por el BCRA desde julio de 2025 reduce los egresos de US$13.452 millones a US$10.315 millones para 2025, lo que achica el saldo negativo de -US$10.052 millones a -US$6.977 millones. ¿Qué significa esto para tu bolsillo y para las reservas del Banco Central? Traducido: menos dólares informados como salida, pero también menos claridad sobre cuánto realmente se fue.

¿Qué cambió en las cifras y por qué importa?

El cambio metodológico, según la Secretaría de Turismo y la comunicación del BCRA, excluye del rubro consumo con tarjeta a los servicios digitales como Netflix y a las compras despachadas por correo (Amazon, Tiendamia). En números: egresos 2025 pasan de US$13.452 millones a US$10.315 millones, una caída del 23% según la propia Secretaría. Además, desde el 1 de enero de 2026 la Secretaría dejó de financiar los operativos de campo de la Encuesta de Turismo Internacional (ETI) y la Encuesta de Ocupación Hotelera (EOH) del Indec, un recorte que implicó un ahorro presupuestario de $600 millones, según reportes oficiales. La combinación de una metodología nueva y la suspensión de operativos reduce la granularidad y la capacidad de ver la evolución real del flujo de divisas por turismo.

¿Cómo impacta esto en tu bolsillo y en las reservas?

El turismo emisivo (gastos de argentinos en el exterior) se contabiliza como importación de servicios y consume reservas en dólares. Consultoras divergen: Equilibra calcula un déficit 2025 de US$10.000 millones; el Ieral ubica el rojo entre US$7.500 y US$8.500. En enero 2026, pese a que el emisivo cayó 8,5% y el receptivo subió 1,4% (Indec), el saldo continúa negativo. Equilibra además señaló que con un dólar turista de $1.447 el saldo de personas fue -1,3 millones en enero, entre los peores en la década. En términos prácticos: si las cifras en dólares dejan de publicarse o cambian su metodología sin series paralelas, el Gobierno y el mercado pierden una brújula para estimar la necesidad de dólares y calibrar controles o incentivos.

¿Se puede confiar en estas estadísticas y qué falta aclarar?

La desconfianza nace de dos decisiones concretas: la solicitud de modificar la metodología por parte del ministerio y la suspensión del financiamiento de los operativos de campo. El resultado es que distintas fuentes publican saldos muy distintos —de -US$6.977 a -US$10.000— sin una serie histórica homogénea que permita comparar. Además, el cambio metodológico llegó en un contexto de tensión por la medición de la inflación y la renuncia del director del Indec, lo que agrava la percepción pública. Para recuperar confianza hacen falta tres pasos: publicar las series con ambas metodologías (vieja y nueva), reinstalar los operativos de campo o garantizar sustitutos de calidad, y explicar técnicamente qué se excluye y por qué. Sin transparencia, cualquier ajuste puede interpretarse como maquillaje estadístico.

Al final del día vemos dos verdades simultáneas: las cifras nuevas reducen el déficit turístico en los papeles, pero las dudas sobre la metodología y la pérdida de información en dólares complican la gestión de reservas. Como sostenemos en notas previas, un reacomodamiento de precios relativos puede ayudar, pero sin un ancla macro creíble y acumulación real de reservas por flujo, el alivio será frágil. Pedimos datos claros y metodología pública: no es un capricho técnico, es la herramienta que usan los comercios, las aerolíneas y los hogares para planificar gastos y para que el Banco Central pueda decidir con información confiable.

Franco Pellegrini