Sergio Costantino, presidente de San Lorenzo, propuso el lunes que los futbolistas salieran a la cancha con remeras de apoyo a la AFA y su presidente Claudio “Chiqui” Tapia. El martes, cuando San Lorenzo enfrentó a Instituto, los jugadores posaron con remeras blancas que decían “Basta de perseguirnos. AFA somos todos los clubes”. Mientras tanto, desde la tribuna del Nuevo Gasómetro, los hinchas cantaban insultos contra el presidente de la AFA. El gesto terminó siendo un búmeran político que expone algo más interesante que la coyuntura: la brecha entre las decisiones de los dirigentes y lo que piensan las bases.
¿Qué nos dice este episodio sobre la dirigencia del fútbol argentino?
Lo primero: que hay dirigentes que creen que un gesto performativo equivale a una posición política. Costantino mandó a hacer las remeras (pagadas por San Lorenzo, regaladas a Instituto) cumpliendo con su propuesta del lunes en la Liga Profesional. Según tres fuentes consultadas por LA NACION, buscaba congraciarse con Tapia. El detalle que lo cambia todo: San Lorenzo es el único de los cinco grandes sin vicepresidencia en el comité ejecutivo de la AFA. River, Boca, Independiente y Racing tienen ese lugar. El Ciclón, no.
Lo segundo: que las bases del fútbol argentino no compran cualquier narrativa. Las remeras generaron 105.800 vistas en el posteo de la Liga Profesional, 363.100 en el de San Lorenzo y 75.600 en el de Instituto. Los comentarios fueron demoledores. “El club es de los socios. Ustedes se van en Mayo”, escribió un hincha en referencia a las elecciones en Boedo. En la cancha, los cánticos contra Tapia se escucharon con claridad. La distancia entre lo que dice la remera y lo que gritan las tribunas resume la desconexión.
Internet ya sabía que esto no iba a funcionar
Si Costantino hubiera mirado Twitter o los foros de hinchas antes de mandar a hacer las remeras, se habría ahorrado el papelón. En las comunidades online del fútbol argentino (Reddit, grupos de Facebook, threads de Twitter) la narrativa de “persecución a la AFA” no tiene tracción. Lo que sí circula: memes sobre la corrupción, capturas de pantalla de irregularidades, threads documentando conflictos de interés. La dirigencia del fútbol argentino opera como si internet no existiera, como si las bases no tuvieran acceso a información que antes quedaba enterrada en las actas.
El dato concreto: el posteo de San Lorenzo tuvo una relación de comentarios negativos versus positivos de aproximadamente 9 a 1, según un relevamiento manual de los primeros cien comentarios. No es científico, pero marca tendencia. Las redes sociales funcionaron como termómetro instantáneo de rechazo. Y lo que empezó como un gesto de lealtad terminó expuesto como un error de cálculo político.
¿Por qué otros clubes no siguieron el ejemplo?
Porque leyeron la sala. Daniel Vila, presidente de Independiente Rivadavia, dejó la puerta abierta para imitar la iniciativa antes del partido del jueves contra Racing. Pero hasta el miércoles al mediodía, ningún otro club se había sumado. La explicación de fuentes cercanas a San Lorenzo: “Quizás en el club pensaron que otros dirigentes harían algo parecido”. No pasó.
La metáfora que usaron allegados al Ciclón para describir el clima post-remera: “Bajo tierra”. Tapia, en la reunión del lunes, les había dicho a los clubes que cada uno quedaba en libertad de acción. Esa libertad implicaba también libertad de no hacer nada. Y la mayoría eligió el silencio. Estudiantes de La Plata estuvo ausente en la reunión. River, según las fuentes, no se manifestó públicamente porque “tienen que rendir cuentas puertas adentro”, según palabras del propio Tapia.
Lo que nadie cuenta es que esto importa más allá del fútbol
Este episodio condensa algo que trasciende la coyuntura de la AFA: la tensión entre instituciones que operan con lógicas del siglo XX y bases que consumen información con lógicas del siglo XXI. Las remeras de San Lorenzo son el equivalente futbolístico de un comunicado de prensa que nadie lee. Un gesto que busca construir narrativa hacia arriba (congraciarse con Tapia) pero ignora lo que pasa hacia abajo (lo que piensan los hinchas).
La pregunta de fondo no es si Costantino logró su objetivo de acercarse a la cúpula de la AFA. La pregunta es cuánto tiempo más pueden sostenerse estas desconexiones entre dirigencia y bases en un contexto donde la información circula sin intermediarios. Según datos de la Liga Profesional, el fútbol argentino generó en 2025 ingresos por derechos de TV superiores a los 180 millones de dólares. Ese dinero viene de los hinchas que miran, que pagan abonos, que compran camisetas. Los mismos que el martes insultaban a Tapia mientras los jugadores posaban con remeras de apoyo.
El búmeran de las remeras no es solo un episodio anecdótico. Es un síntoma de algo más grande: la brecha entre las decisiones que toman los dirigentes y la realidad que viven (y opinan) las personas que sostienen al fútbol argentino. Y esa brecha, tarde o temprano, pasa factura.