Lo que se sabe hasta ahora: la red de milicias proiraníes respondió de forma fragmentada a la ofensiva de Estados Unidos e Israel, con al menos 52 civiles muertos en bombardeos y una combinación de ataques limitados y declaraciones públicas, según La Nación (2/3/2026).

¿Qué pasó y qué dicen las fuentes?

La noticia central es concreta: el 2 de marzo de 2026 hubo bombardeos que dejaron al menos 52 muertos, y las reacciones de las milicias variaron desde un disparo simbólico hasta intentos fallidos de ataque, según La Nación. Hezbollah esperó casi 48 horas antes de lanzar un puñado de cohetes de baja potencia hacia el norte de Israel, un retraso que las crónicas interpretan como señal de debilidad operacional y política en el Líbano, según La Nación. En Irak, grupos agrupados en la coalición Saraya Awliya al-Dam reivindicaron 16 ataques con drones en la región del Kurdistán, pero la mayoría fueron interceptados y no provocaron daños serios, también informado por La Nación.

La pieza de La Nación incluye descripciones en terreno y fotos de agencias (AFP) que documentan destrucción en localidades del valle de Bekaa y el impacto humanitario inmediato. Estos datos básicos permiten trazar qué ocurrió en las últimas 48 horas y cuáles son las capacidades visibles de cada grupo, sin asumir escaladas automáticas.

¿Por qué la red proiraní no funcionó como un escudo efectivo?

Para ubicarse: la política iraní de crear un “eje de la resistencia” combina apoyo político, entrenamiento y armamento a milicias desde Líbano hasta Yemen. En teoría esa red debería disuadir un ataque directo a Irán. En la práctica reciente, factores concretos erosionaron esa lógica. Hamas está debilitado por la campaña en Gaza; Hezbollah aparece políticamente más aislado en el Líbano y militarmente da señales de limitación —la demora de casi 48 horas contrasta con respuestas más inmediatas en episodios previos, incluida la escalada del otoño de 2024, según La Nación.

Los hutíes de Yemen, que han demostrado capacidad operativa en años recientes, optaron por declaraciones públicas y manifestaciones en Saná, sin anunciar acciones militares mayores, en parte por su propio interés táctico y por acuerdos recientes con Estados Unidos (mencionados por La Nación como firmados en mayo del año pasado). En Irak, las milicias vinculadas a Irán parecen más interesadas en controlar ingresos petroleros locales que en abrir un frente regional. En resumen, la coordinación efectiva falla cuando los actores locales tienen prioridades divergentes.

¿Cómo nos afecta esto en Argentina?

La conexión no es directa, pero sí real: Irán puede intentar presionar la economía global actuando sobre el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Para ubicarse, según la Energy Information Administration (EIA), alrededor del 20% del petróleo transportado por mar pasa por ese estrecho (base: petróleo transportado por mar, 2023 EIA). Cualquier interrupción sostenida eleva primas de riesgo, seguros de flete y puede presionar al alza los precios internacionales del crudo, lo que a su vez suele trasladarse a naftas y a costos logísticos globales.

Para Argentina, que exporta granos y carnes en barcos que compiten por capacidad y seguros en rutas internacionales, la consecuencia probable sería un aumento en los costos de flete y una mayor volatilidad en los precios internacionales de commodities. No hay una afectación inmediata a rutas marítimas del Atlántico Sur, pero sí un impacto indirecto en la cuenta de fletes y en la inflación de combustibles. Vemos además un riesgo reputacional: protestas globales por la ofensiva ya registraron incidentes y tensiones diplomáticas que complican la coordinación internacional —ver cobertura previa sobre protestas globales por la ofensiva contra Irán (nota previa).

Qué conviene pedir ahora (y qué evitar)

Tomamos una postura prudente: antes de sacar conclusiones definitivas o apoyar medidas contundentes, es necesario exigir peritajes técnicos e investigaciones independientes sobre cada ataque y su autoría. Los datos disponibles muestran acciones fragmentadas (52 muertos en bombardeos, casi 48 horas de demora en la respuesta de Hezbollah, 16 drones reivindicados en Irak, según La Nación), y no prueban una coordinación automática que justifique escaladas militares mayores.

En el plano argentino, conviene monitorear precios internacionales del petróleo y las primas de seguro de flete, y preparar medidas de contención económica si los precios suben de forma sostenida. Al mismo tiempo, la política exterior debería priorizar canales de información y verificación multilaterales para no tomar posturas con información incompleta.

Sofía Santamarina