El REM del Banco Central muestra que la inflación “desactualizada” habría cerrado febrero en 2,7% y que la medición núcleo llegó a 2,5%, según la encuesta realizada entre el 25 y el 27 de febrero (BCRA). Traducido: el mercado no ve por ahora la “curva a cero” que repite el ministro Luis Caputo para agosto; en lugar de 0% en agosto los analistas proyectan entre 1,8% y 1,5% para ese mes (REM, BCRA).
¿Cómo impacta esto en tu bolsillo?
Vemos efecto directo en los precios cotidianos. Si en enero el IPC fue 2,9% (INDEC) y en febrero el REM estima 2,7% (BCRA), la inflación acumulada en dos meses ya supera 5,5% — más de la mitad de lo que muchos esperan mensualizado para el resto del año. El mercado proyecta para 2026 una inflación anual entre 26,1% y 27,8% (REM), versus el 31,5% acumulado en 2025 (INDEC), lo que significa una mejora, pero no un alivio inmediato para salarios y tarifas. Para alguien que cobra el salario mínimo, una inflación de 26% anual equivale a pérdida de poder adquisitivo si los ingresos no se ajustan al mismo ritmo. Además, la medición núcleo (2,5% en febrero según el REM) muestra que la inflación estructural no está bajando al ritmo que exige un “cero” sostenido. En práctica, el bolsillo seguirá ajustándose mes a mes y los presupuestos familiares permanecerán sensibles a variaciones pequeñas mensuales.
¿Por qué el mercado discierne del Gobierno?
Hay dos señales que explican la distancia: los números recientes y las expectativas cambiarias. Primero, los analistas revisaron al alza sus proyecciones tras sorprenderlos el IPC de enero: agregaron entre 0,1 y 0,5 puntos porcentuales a sus pronósticos mensuales (REM). Segundo, el mercado espera una senda cambiaria relativamente calma — cruces por $1.500 mayorista en julio y $1.707 a fin de año, según el REM — pero interpreta que esa calma no alcanza sola para bajar la inflación al ritmo que el Gobierno promete. Además, el REM proyecta tasas nominales altas a corto plazo: TAMAR 31,3% nominal anual para marzo y una TEM equivalente del 2% recién hacia el fin de año (BCRA). Esa combinación sugiere que los analistas quieren ver pruebas de desinflación sostenida — no solo un dólar estable — antes de ajustar sus previsiones a niveles que hagan plausible un “cero en agosto”.
¿Qué hace falta para que el pronóstico oficial sea creíble?
Desde nuestro lente de comerciante y de datos, la receta es clara: ancla macro creíble más acumulación de reservas por flujo. El REM proyecta un superávit comercial de US$12.533 millones para 2026 y un superávit primario de $16,1 billones (BCRA); esas cifras pueden ayudar a acumular reservas, pero solo si las compras son consistentes y no se traducen en expansión monetaria desordenada. Para que la inflación baje rápido sin volver a episodios de salto, el Banco Central debería poder intervenir comprando reservas con fondeo neto limitado y mantener tasas reales que anclen expectativas. Sin ese andamiaje, la mejora proyectada (inflación 26-28% en 2026) será frágil: bajará nominalmente, pero puede quedarse lejos de la estabilidad que requiere “cero” mensual sostenido.
En síntesis, el REM del BCRA nos dice que la inflación viene bajando respecto a 2025 pero que el proceso será más lento de lo que espera el Gobierno; el mercado pide pruebas de anclaje macro y acumulación de reservas para creer en pronósticos más audaces. Observamos la necesidad de políticas consistentes entre BCRA y Hacienda: sin ellas, la desinflación corre el riesgo de ser inestable y volver a repercutir en el bolsillo de las familias.
Franco Pellegrini