Para desentrañar los orígenes de esta infección tenemos que echar la vista muy atrás y remontarnos hasta el descubrimiento de ADN -del patógeno responsable- en un fragmento de ámbar con una antigüedad de treinta millones de años. Etimológicamente malaria significa “mal aria” –mal aire- una idea que surgió en la antigua Roma, civilización que sospechaba que esta enfermedad se producía por los humos provenientes de los pantanos. A partir de ese momento la historia de este mal no ha dejado de dar traspiés. Sin ir más lejos, a finales del siglo diecinueve, y A pesar de los adelantos científicos que ya se disfrutaba, se pensaba que la malaria se contraía al consumir agua sucia. Y es que en aquel instante se desconocían las casi ciento setenta y cinco especies de protistas del género Plasmodium y, mucho menos, que únicamente cinco de ellas eran las responsables de causar la enfermedad en los seres humanos. De todas y cada una estas especies la más mortífera para nosotros es la Plasmoidum falciparum, casualmente la que predomina en el continente africano. Historia de un thriller biológico En el siglo XIX la enfermedad disfrutaba de una serie de singularidades que tenía desconcertados a los investigadores. Por una comunicado, los enfermos no contagiaban en ningún instante a otras personas con sus esputos, al preservar contacto físico, A través de relaciones sexuales o con las deposiciones. Esta aparente falta de transmisibilidad propició que la bautizaran Del mismo modo que una enfermedad “cerrada”, Porque el parásito quedaba encarcelado en el organismo humano. Una teoría, que contaba con un número elevado de simpatizantes dentro de la comunidad científica, apuntaba a que el mosquito absorbía sangre A través de la picadura y con ella al parásito. Se pensaba que más adelante el mosquito pondría los huevos y moriría, liberando el parásito en las aguas, que Por su comunicado infectaría a los seres humanos En medio la ingesta del agua contaminada. En esta situación se encontraba la diatriba biológica Cuando entró en escena Ronald Ross (1857-1932), un médico, matemático, entomólogo y militar británico destinado en la India, el subcontinente de manera cruel maltratado por la malaria. Este galeno arrancó a diseccionar de forma sistemática a los mosquitos y a estudiarlos de forma exhaustiva bajo un microscopio. A fin de que nos hagamos una idea de la complejidad de este trabajo, el cuerpo de los mosquitos medía en torno a siete milímetros de longitud y dos de anchura, y en ellos Ross buscaba un protozoo que medía entre 0.001 y 0.01 milímetros de diámetro. Era Del mismo modo que buscar una aguja en un pajar. 20 de agosto: Jornada del Mosquito Todo esfuerzo se sigue de una recompensa. Después de años de arduo e incansable trabajo el resultado llegó en 1897 en el momento Ross localizó los gránulos de pigmento negro –típicos de la malaria- en el estómago de un mosquito del género Anopheles. Indudablemente alguna, se dirigió uno de los días más felices de su vida. Era el veinte de agosto y A partir de luego anualmente se festeja esa efeméride Del mismo modo que la este jornada del Mosquito. Ross tuvo que disentir a dos enormes incidentes, Por un lado, se desconocía la taxonomía de los mosquitos, y por otra, en aquellos instantes no se sabía qué especies del género Anopheles eran las transmisoras de la enfermedad. En 1902 el médico militar Ronald Ross recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por demostrar que el parásito responsable de la malaria se transmite por la picadura de un mosquito y no por las aguas contaminadas ni por el aire. El papel de Ross fue trascendental para conocer el ciclo biológico de una enfermedad que tenía a la humanidad en jaque, No obstante no suficiente. Para que nos hagamos una idea de la magnitud del problema que queda por solucionar vaya por delante tan Sólo un dato: entre los objetivos de la Organización Mundial de la Salud se halla reducir para el año 2030 el cuarenta % de los casos y de la mortalidad causada por la enfermedad que había en el año 2016. M. Jara Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y cantautor de Varios libros de divulgación.