La rápida propagación de la pandemia de Covid-19 se debe, en parte, a la elevada densidad de población de las grandes ciudades, donde las aceras abarrotadas, los grandes edificios y el transporte público facilitan la transmisión del virus y obligan, para evitarla, a adoptar limitaciones y medidas tan drásticas De este modo como el confinamiento domiciliario. En las regiones rurales, Aunque, el caso no es tan acuciante, Porque el espacio libre para cada persona es mucho mayor. Por simple lógica, vivir en zonas menos pobladas A lo largo de una pandemia resulta más seguro que hacerlo en las grandes urbes. Sin embargo los alcaldes de los pueblos y ciudades pequeñas, que También desean mantener a la gente segura, ven con recelo la migración de los habitantes de las grandes urbes al medio rural. Durante los meses de pandemia, por consiguiente, ha prevalecido el cierre de fronteras nacionales y la limitación de movilidad entre distintas zonas y provincias. ¿Pero hasta qué punto son efectivas esas medidas? En un Solo artículo recién publicado en la revista Chaos, un club de estudiosos ha colocado a prueba esta hipótesis para localizar si, efectivamente, el confinamiento y las prohibiciones de viaje son las maneras más efectivas de parar la propagación de una enfermedad pandémica. En concreto, compararon los efectos de esas medidas con los cuales tendría el movimiento de personas de las ciudades más grandes a las más pequeñas. Y encontraron que esa “migración unidireccional” a las regiones rurales menos pobladas resultaría mucho más efectiva que los cierres de fronteras, tanto nacionales Tal como regionales. Cerrar fronteras «casi Siempre y en toda circunstancia y en todo momento y en toda circunstancia es malo» “En lugar de dar por sentada la movilidad, o bien La carencia de movilidad -explica Massimiliano Zanin, primer firmante del estudio- decidimos explorar cómo una movilidad alterada afectaría a la propagación de la pandemia. La gente Siempre y en todo momento asume que cerrar fronteras es bueno. No obstante descubrimos que prácticamente Siempre y en todo momento y en toda circunstancia es malo”. Los estudiosos trabajaron con un modelo simplificado, sin muchos de los detalles que han afectado a los patrones de migración y propagación de las enfermedades, y se centraron en los cambios en la densidad de población para hacer sus cálculos. Lo cual encontraron viajó que las prohibiciones de viaje resultan menos efectivas que la migración de las personas a áreas menos densas. En su modelo, en efecto, de ese modo la propagación de la pandemia se reducía sensiblemente. Zanin y su colaborador, David Papo, situaron en su simulación a un conjunto hipotético de personas en dos lugares diferentes, asumiendo que sus desplazamientos se realizaban Según patrones de movimiento aleatorios. Para su trabajo utilizaron la activa SIR, típico en los estudios epidemiológicos de expansión de enfermedades. Las siglas SIR significan Susceptible, Infectado y Recuperado, clasificaciones que se usan para etiquetar Conjuntos en una simulación y para rastrear la propagación de la enfermedad de pacto con sus interactúes. Para su estudio, los investigadores ejecutaron 10.000 iteraciones diferentes de la simulación para determinar cómo era la propagación de la enfermedad entre las personas de Ambos lugares en el horario la migración era unidireccional, de ciudades muy pobladas a pueblos con menos densidad de población. Los resultados fueron contundente. Si bien el desplazamiento A partir de las grandes ciudades a las regiones rurales resultaba ser algo más peligroso para los habitantes de los pueblos, Normalmente, y en una situación de pandemia global, la reducción de la densidad de personas en las áreas más densamente pobladas era mucho mejor para La mayor parte. “La colaboración entre distintos gobiernos y administraciones -concluye Zanin- es un ingrediente esencial para controlar una pandemia, y se debe valorar la posibilidad de hacer sacrificios a pequeña escala para alcanzar un beneficio global”.