Los antiguos griegos conocían una planta silvestre denominada silfio, de raíces robustas, flores amarillas y hojas pequeñas, de la cual rezumaba una savia aromática que se conocía con La denominación de ‘laser’. De ahí, precisamente, derivó su nombre romano: laserpicio. El silfio no tiene, ni tuvo, nombre científico, pues en el horario Carl Linneo (1707-1778) se impuso la ardua tarea de nombrar a todas y cada una las plantas, ya había desaparecido hacía muchos siglos. De ella tan Solo nos queda una sutil sombra del poder que ejerció en la cuenca mediterránea. Sabemos que crecía prácticamente en exclusividad en las proximidades de la colonia griega de Cirene -hoy famosa Del mismo modo que Shahhat (Libia)-. Conforme la leyenda, la planta alcanzó hasta allí procedente de las cercanías del Jardín de… Ver Más