«Desde una perspectiva planetaria, los romanos eran afortunados», escribe Kyle Harper en el «El fatal destino de Roma» (Crítica). «El imperio alcanzó su máxima extensión y prosperidad —entre el 200 a.C. y el 150 d.C.— al abrigo de un período del Holoceno tardío conocido También que Óptimo Climático Romano (OCR)». Conforme el historiador, dicho OCR se dirigió esencialmente una fase de clima cálido, húmedo y estable en una buena comunicado del corazón del imperio: el Mar Mediterráneo. Este benévolo clima dejó levantar un imperio agrícola, que A su vez sustentó un determinado régimen político y económico y «un círculo virtuoso de imperio y prosperidad», Conforme Harper. Sin embargo Desde el siglo II d.C., la suerte de los romanos arrancó a declinar. Entre el 150 y el 450 d.C. se desencadenó una drástica secuencia de cambios climáticos que culminaron con la Pequeña Edad de Hielo tardía, seguida por un espasmo de actividad volcánica, entre los años 530 y 540, y una caída profunda del flujo de energía solar. Por si fuese poco, en los años 165 d.C., 249 d.C. y 541 d.C. La Ciudad Eterna sufrió tres episodios pandémicos, probablemente de viruela, de una plaga desconocida y de peste, respectivamente. Hasta ahora se han propuesto cientos de explicaciones acerca de la caída de Roma, No obstante, ¿qué papel tuvo el clima? En los últimos años, cada vez más estudiosos han estudiado sedimentos de lagos y mares y núcleos de hielo, con la finalidad de alcanzar un registro geoquímico del clima que existió A lo largo de la historia de La Ciudad Eterna. Esta misma semana, un grupo de investigadores ha presentado unas conclusiones que exhiben que existe otro modo de estudiar el clima del pasado, por medio de estalactitas de yeso. Su trabajo, realizado con muestras recogidas de las cuevas de Sorbas, en Almería, Asimismo apunta Claramente que, en el mismo periodo en que Capital italiana dejó Hispania, en el siglo V d.C., la Península Ibérica atravesó una temporada de descenso de precipitaciones. «Hemos podido estudiar el clima A lo largo del periodo en que los romanos ocuparon la Península Ibérica y vincularlo con la fecha en que la abandonaron», ha explicado a ABC Fernando Gázquez, maestro de Geodinámica Externa de la Universidad de Almería y coautor del estudio, fruto de una colaboración internacional. «Además, ésta es la 1era vez que se ha empleado una estalactita de yeso para estudiar el clima pasado». Varias estalactitas de yeso de las cuevas de Sorbas, en Almería. La estructura del yeso encierra agua filtrada A partir del techo de la cueva hace siglos o aun milenios - Cortesía de Fernando Gázquez En 2018 Fernando Gázquez se dirigió uno de los autores de un trabajo que situó la existencia de una fuerte sequía A lo largo del período en que se produjo el colapso de la civilización maya. Lo hicieron Mediante los testigos más frecuentes para estudiar las precipitaciones del pasado: los sedimentos de yeso depositados bajo las aguas de los lagos En medio siglos. Una estalactita con mil años de historia El problema es que no en todas la zonas de la Tierra suele haber lagos, por lo cual la datos acerca de el clima pasado de zonas más áridas tiende a escasear. Aunque, Gracias a una técnica puesta a punto en la Universidad de Cambridge, UK, y desarrollada Durante 15 años, los creadores han podido recurrir a otro recurso: un estalactita de yeso que creció A lo largo de siglos en el interior de la cuevas de Sorbas, en Almería. «Estudiamos una estalactica que inició a crecer en el siglo VIII a.C. y que abandonó de crecer en el VIII d.C.», ha explicado Gázquez. ¿Cómo lo hizo? Gota a gota, muy lentamente, el terreno llevó el agua hasta el subsuelo y nutrió una estalactica, de 63 centímetros de largo, que encierra en su interior fuerte data sobre las precipitaciones del pasado, Al idéntico que si es que se tratara de una auténtica cápsula del tiempo. La estalactica analizada en este estudio medía 63 centímetros y encerraba la historia de 1.000 años de precipitaciones - Cortesía de Fernando Gázquez Para poder reconstruir las precipitaciones del pasado con esta estalactita, en 1er sitio un grupo de investigadores de la Universidad de Quebec (Canadá) dató la estalactita, midiendo la presencia de isótopos de torio y de uranio. Una vez radicada la antigüedad del mineral, el club de Gázquez evaluó la proporción de tres isótopos de oxígeno (el 16, el 17 y el 18). La consigna es que cuanta más evaporación se sucede, y menos lluvias, el agua que forma comunicado de la estructura cristalina del yeso está más enriquecida de isótopos pesados. (Recordemos que los isótopos son átomos de un mismo elemento químico con diferente masa atómica). De esta manera, que necesita una tecnología más compleja que la empleada en sedimentos de lagos, «se han analizado los isótopos estables de las moléculas de agua atrapadas en el yeso», Conforme ha comentado Fernando Gázquez. «Las diferencias mínimas en el peso de exactamente las mismas han dado la información sobre la humedad que había en la cueva y en su Entorno y cómo ha ido cambiando ésta con el tiempo». El cambio climático que sufrió Roma El coautor ha considerado que Debido a estos análisis el estudio «ha revelado que los romanos ocuparon la Península Ibérica coincidiendo con un repuesto climático que llevó a que lloviera mucho más en esta zona En medio Varios siglos». Conforme ha expresado, ésto coincidió «con el máximo desarrollo del Imperio» Porque quizás las condiciones eran más favorables para culivar cereales, vid y olivo. Aunque, esta situación ventajosa alcanzó a su fin: «Entre el I y V d.C. el clima se hizo cada vez más seco, hasta el punto de que coincidiendo con el máximo de aridez y, por ello, con una baja productividad agrícola, los romanos abandonaron la Península». Sin embargo, y Según ha reconocido este estudioso, el estudio no implica que el cambio climático fuese la razón por la que los romanos se acudieron de la Península Ibérica, Pero sí que «sugiere que el clima pudo poseer un papel fundamental». Ahora, los investigadores seguirán estudiando las estalacticas de las cuevas de Sorbas en búsqueda de «cápsulas del tiempo» que tengan atrapados otros períodos históricos. Asimismo de eso, Gázquez ha comentado que esta técnica podrá emplearse en otras áreas del planeta donde existen cuevas con estalacticas de yeso, Del mismo modo que Estados Unidos, México, Italia o bien Australia. Las enseñanzas de la caída de Roma En conclusión, tanto los sedimentos de los lagos De esta manera como las estalactitas muestran que, Mediante la vida del imperio romano, el clima no fue un telón de fondo estable, Sino que fluctuó Al igual que consecuencia de cambios en la actividad solar y de las erupciones volcánicas. De este modo tal y como La Ciudad Eterna, nuestra civilización hace frente Hoy en día al reto de los cambios del clima, encabezados por el calentamiento global, y las pandemias. Por eso, quizás conviene rememorar una cita que Kyle Harper escribe en el «El fatal destino de Roma»: «La historia ha sido y sigue siendo una atestada plataforma para los asuntos humanos, tan inestable Tal y como la cubierta de un barco en una borrasca violenta».