En 1979 los científicos de la misión Voyager se llevaron una novedad mayúscula En el momento en que la sonda pasó por las «cercanías» de Ío, la 3era mayor luna de Júpiter. La Voyager 2 mostró la amarillenta superficie de un mundo castigado por ocho erupciones volcánicas y Asimismo innumerables chimeneas que punteaban su superficie Como cicatrices… o De exactamente la misma manera que rodajas de «pepperoni». De ahí que, no sorprende que Ío fuera bautizada Como «pizza moon». Además de las chanzas, lo más interesante es que Ío se convirtió en el primer mundo del sistema solar, por detrás de la Tierra, con vulcanismo activo. Desde luego, se han ocurrido las observaciones de este satélite. Es tan grande De exactamente la misma forma que la Luna y está marcado por los estragos causados por la gravedad: es tan próximo a Júpiter, que su fuerza gravitacional remueve y calienta su interior, creando potentes erupciones volcáncias que expulsan materiales a alturas de hasta 500 kilómetros. Pues bien, esta misma semana, dos investigaciones han contado nuevas observaciones que permiten cuantificar el vulcanismo de Ío, y, por tanto, cuán activo va a ser el vulcanismo de otros mundos situados más allí del sistema solar. Un conjunto de científicos de la Universidad de California en Berkeley (USA), entre otros, ha contado que entre el 30 y el 40% del dióxido de azufre presente en la atmósfera presente en Ío procede del vulcanismo. El resto, tal Al igual que han sugerido, es liberado a la atmosfera Una vez que la radiación solar calienta su superficie, cubierta de dióxido de azufre helado. Las investigaciones se han publicado en «The Planetary Science Journal» y en «arXiv». «No se sabía qué procesos dirigen la activa de la atmosfera de Ío», ha dicho para «Sciencealert.com» Imke Parter, uno de los creadores de las investigaciones. «¿Es actividad volcánica o bien gas sublimado que viene de la helada superficie de Ío, que queda bajo la luz solar? Lo que hemos mostrado después es que, De hecho, los volcanes tienen un enorme impacto acerca de la atmósfera». Un hermoso infierno volcánico Ío es un planeta muy castigado por la gravedad de Júpiter y de las grandes lunas Europa y Ganímedes. Del mismo modo que la Luna produce mareas en la Tierra, «tirando» con su fuerza de los océanos y provocando una diferencia en los mares de hasta 18 mts, estos tres mundos deforman la superficie de Ío hasta 100 mts (de roca, no de agua). También, las fuerzas de marea calientan su interior, formado por rocas sulfurosas (y no de silicatos, Al igual que el terrestre) y facilitan su fusión (más sencilla que la de los silicatos). Arriba, de color azul, una erupción captada en la superficie de Ío en 2018 - NASA/JPL/DLR Esta mezcla de facilidad para fusionarse y de inmensas fuerzas de marea convierten a Ío en un Solo planeta infernal, con más de 400 volcanes activos, y una superficie cubierta de hielo de ácido sulfúrico, entre otras moléculas. a su vez, la radiación solar transforma su superficie y, dado que Ío está dentro del ámbito magnético de Júpiter, el satélite es bombardeado por partículas de alta energía que producen auroras rojas y verdes. Para concluir, Júpiter le arranca a Ío enormes cantidades de su gas cada segundo. La incógnita que se quería solucionar es cuán activo es el vulcanismo de Ío, teniendo en cuenta su composición, y la influencia de Júpiter, Ganímedes y Europa, con vistas a comprender de qué forma serán otros mundos situados más allá del sistema solar. Por eso, se buscaba descubrir un buen indicador de actividad volcánica, Del mismo modo que puede ser la volumen de gas, sobre todo, dióxido de azufre, que es expulsado por los volcanes. «El planeta de hielo y fuego» Tal Del mismo modo que los autores han sugerido, el problema es que en parte superficial de Ío ya hay mucho dióxido de azufre. Está congelado, pues las temperaturas rondan los -130ºC, lo cual, al lado de las erupciones, verdaderamente convierten a éste en el «planeta de hielo y fuego». Sin embargo, en el instante la radiación solar incide sobre este hielo, lo pasa a estado gaseoso (sublimación), enmascarando el posible efecto de los volcanes. ¿Cómo averiguar a qué se tiene que la presencia de dióxido de azufre? En un caso así, los investigadores reurrieron al telescopio ALMA («Atacama Large Millimeter/submillimeter Array»), del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Chile, para observar la atmosfera de Ío a medida que este mundo entra y sale de la sombra proyectada por Júpiter. A lo largo de estos eclipses, que podrían ver los habitantes del gigantesco mundo gaseoso, la presencia o bien ausencia de radiación solar deja estudiar la influencia de la sublimación en la composición de la atmosfera. Imagen a color real de Ío, captada por la sonda Galileo en 1999. Su superficie muestra el rastro de incontables erupciones volcánicas - NASA/JPL/University of Arizona Para su novedad, los investigadores averiguaron que la sublimación de dióxido de azufre es extraodrinariamente rápida. Este planeta apenas Necesita 10 minutos para regenerar su atmósfera, en la fecha sale de la sombra y se sitúa bajo la radiación solar. Asimismo, Gracias a ALMA pudieron identificar pruebas de la presencia de plumas (penachos) de dióxido y monóxido de azufre, De esta forma Asimismo que de cloruro de potasio. Conforme los creadores, esto sugiere que el interior de Ío es complejo, pues los volcanes se alimentan de fuentes de magma de diversa composición. Finalmente, pudieron apreciar que la contribución de los volcanes explica entre el 30 y el 50 POR CIENTO del dióxido de azufre presente en la atmosfera de ete mundo. Sin embargo, en futuras investigaciones trabajarán en refinar estas estimaciones y en medir las temperaturas de Ío a bajas alturas, alrededor parte superficial, para afianzar sus conclusiones.