El 11 de febrero el CONICET Santa Fe sumó su agenda al Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Lo que nadie cuenta es que esas jornadas funcionan como un espejo: muestran historias de vocación y, al mismo tiempo, lo que falta en el ecosistema para sostener esas carreras.
El detalle que lo cambia todo
En actos como el de CONICET Santa Fe hay charlas inspiradoras, paneles con investigadoras y fotos que circulan en redes. Ese gesto sirve: visibiliza modelos y crea conversaciones. Pero si vamos al dato, vemos que la visibilidad no siempre transforma estructuras: según la UNESCO, las mujeres representan alrededor del 33% de las personas investigadoras en el mundo (UNESCO Institute for Statistics, 2018). Esa cifra obliga a preguntarnos qué medidas convierten la inspiración en permanencia y liderazgo.
Lo que dicen las cifras
Tres cifras ayudan a ubicar el problema. Primera, según la UNESCO, las mujeres constituyen aproximadamente el 33% del personal investigador a nivel global (UNESCO, 2018). Segunda, UNESCO también reporta que cerca del 30% de las estudiantes matriculadas en carreras STEM son mujeres, una proporción que varía por región y nivel educativo (UNESCO, 2017). Tercera, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU) indicó que las mujeres representan apenas alrededor del 17% de las personas especialistas en TIC en su reporte de 2019 (ITU, 2019). Estas cifras muestran un patrón: la presencia femenina disminuye en los espacios vinculados a tecnología y en las etapas más altas de la carrera académica.
Comparaciones y tendencias
No es estático: la participación femenina ha crecido, pero despacio. Por ejemplo, los datos de UNESCO muestran aumento en la representación femenina en investigación respecto a comienzos del siglo, pasando de niveles más bajos a cerca del 33% en 2018; es una mejora, pero insuficiente frente a la paridad. Ese ritmo plantea dos preguntas: cuánto tiempo y qué costo social tiene esperar a cambios espontáneos, y qué políticas aceleradoras se necesitan.
Qué falta: de la retórica a la medición
Valoramos la celebración y las historias personales, pero exigimos medidas concretas. Pedimos al CONICET y a otras instituciones tres compromisos verificables: 1) publicar métricas anuales desagregadas por género, edad y área disciplinar; 2) establecer objetivos temporales (por ejemplo, paridad en jurados y comités en 3–5 años) y 3) financiar programas de retención que incluyan guarderías, licencias parentales equitativas y apoyos para la etapa posdoctoral. Sin datos públicos y metas claras, las jornadas quedan en gesto.
Qué podría funcionar: ejemplos breves
Programas que combinan financiamiento condicionado y monitoreo suelen ser efectivos: becas específicas para etapas críticas (posdoctorados), transparencia en concursos y cuotas temporales en comités de evaluación. Además, mentoreo formal y capacitación en gestión de carrera reducen la fuga de talento. Esas medidas no son solo equidad simbólica: fortalecen la ciencia al diversificar perspectivas.
Cierre con perspectiva
El 11 de febrero es un buen día para recordar vocaciones; es también una oportunidad para pedir cuentas. Valoramos la conmemoración del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, pero exigimos métricas públicas, coordinación técnica y compromisos verificables en lugar de gestos comunicacionales. Sin esos elementos, las historias inspiradoras corren el riesgo de quedar como postales de un día y no como piezas de una política que cambie la vida profesional de miles de científicas.
Fuentes citadas: UNESCO Institute for Statistics (2018), UNESCO reportes sobre educación STEM (2017), International Telecommunication Union (ITU, 2019).