No se dice “feliz Día de la Mujer” porque el 8 de marzo no es una fecha festiva sino una conmemoración con origen en luchas y tragedias, y hoy sigue siendo una jornada de protesta: la brecha salarial por hora fue 9,1% entre empleados registrados y 15,3% en el sector informal (según el INDEC), y el observatorio Ahora que sí nos ven reportó 262 asesinatos de mujeres por razones de género en 2025. Esta nota de La Nación recuerda esos números y las recomendaciones de los colectivos feministas; nosotros vemos que el debate no es puramente semántico sino político y práctico.
¿Por qué no se dice “feliz Día de la Mujer”?
La respuesta breve es histórica y simbólica: el 8 de marzo nació como jornada de reclamo y conmemoración. La versión que cita la nota —un incendio en una fábrica textil Cotton en 1908 con 129 víctimas— circula ampliamente como relato fundacional; al mismo tiempo, la genealogía exacta del día es compleja y atraviesa varias huelgas y manifestaciones de comienzos del siglo XX. La Organización de Naciones Unidas comenzó a reconocer la fecha en 1975 (según Naciones Unidas), y desde entonces la conmemoración fue transitando de aniversarios laborales a plataformas de derechos civiles. Vemos que llamar “feliz” a una fecha que recuerda desigualdades estructurales y violencia no sólo reduce la memoria histórica, sino que puede invisibilizar una agenda política activa.
¿Qué muestran los números y por qué importan?
Los números importan porque transforman discusión moral en diagnóstico: la brecha salarial por hora fue 9,1% entre trabajadores registrados y 15,3% en el complejo sector informal (INDEC), un contraste que señala cómo la precariedad profundiza desigualdades de género. Además, el observatorio Ahora que sí nos ven registró 262 femicidios en 2025, una cifra que convierte la conmemoración en una urgencia de prevención y reparación. Comparar contextos —por ejemplo, la oficialización simbólica por parte de la ONU en 1975 y las movilizaciones actuales— muestra que, cinco décadas después, los reclamos no se han evaporado sino que se transformaron: hoy se piden políticas públicas concretas, cambios laborales y mayor respuesta judicial. Decir “feliz” ante esos datos no es neutral: es la disonancia entre celebración y diagnóstico.
¿Qué reclaman los colectivos y qué pueden hacer los varones e instituciones?
Los colectivos recomiendan evitar regalos simbólicos que politicen poco la fecha: no regalar flores ni bombones y, en cambio, asumir tareas de cuidado o cubrir reemplazos laborales para que las mujeres puedan participar en marchas. En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, la asamblea Ni Una Menos convocó a movilizarse el 9 de marzo a las 16 horas en la plaza del Congreso (información citada en la nota). Es un gesto sencillo con impacto práctico: redistribuir cuidado en un día de protesta. A la par, las instituciones deben traducir los reclamos en políticas: mayor fiscalización de brechas salariales (INDEC muestra diferencias entre registrado e informal), programas de prevención de violencia y respuestas judiciales más eficientes. Desde nuestra posición defendemos lecturas basadas en datos: las cifras guían prioridades, pero no sustituyen la escucha de los movimientos que encarnan las demandas.
Cierre: entre el gesto y la política
El detalle que lo cambia todo es el propósito de la fecha. Si el 8 de marzo fuera una felicitación neutra, decir “feliz” tendría sentido; pero es una fecha construida sobre memoria y lucha. Vemos que los gestos personales —asumir tareas domésticas, apoyar la protesta, evitar compras performativas— importan porque alivian lo inmediato. Y vemos que las transformaciones reales requieren medidas públicas basadas en evidencia: reducción de la informalidad, cierre de brechas salariales y políticas integrales contra la violencia. Más que prohibir palabras, se trata de que las palabras coincidan con acciones y con los datos que las respaldan.
Camila Goldberg